La ciencia y la tecnología, única solución

Windrad-Nahaufnahme_2Miguel Aballe*

En mucha de la información que se lee sobre la situación del medio ambiente en el mundo es frecuente encontrar como culpable al desarrollo tecnológico, bien como generador del gran consumo de recursos y energía o bien por la cantidad de productos que de distinta forma acaban formando parte del paisaje como contaminantes imperceptibles (aire o agua) o claramente visibles (vertido incontrolado). También se achaca con frecuencia a ese desarrollo un sinnúmero de amenazas sobre la salud, la llamada salud ambiental. Así que en este breve post me propongo reivindicar a la ciencia y la tecnología como solución, frente a quienes sólo la ven como problema.

Si uno revisa los problemas ambientales que destacaban ilustres científicos de los años 70 como Paul y Anne Ehrlich (en su clásico Population, resources, environment), la primera sorpresa que nos encontramos es que una gran parte ya no están considerados problemas, o al menos problemas fundamentales: el crecimiento incontrolado de la población o el hambre en el mundo. Sin que ninguno se pueda considerar resuelto, la percepción de los científicos que los estudian es que, cuando menos, no se han cumplido las predicciones, y en último término están en fase de solución en un período de no muchos años. Y las dificultades para que eso ocurra no son técnicas, sino, como siempre, políticas. Por decirlo de otro modo, podríamos hacer llegar alimentos prácticamente a toda la población del mundo si los respectivos tiranos locales no nos lo impidieran a tiros.

En el siglo XX ha habido importantes problemas medioambientales, relacionados sobre todo con la contaminación y los vertidos, sistemas de depuración, etc. , pero asuntos como la depuración de aguas residuales que hoy son obvios en el mundo industrializado hasta hace unos años todavía eran una rareza.

Sin duda uno de los problemas más importantes ha sido el deterioro de la capa de ozono -que los científicos detectaron en los años 70- y para el cual se empezaron a poner en marcha soluciones con el protocolo de Montreal en 1987; la más importante la prohibición de los CFC. Finalmente se han empezado a ver las consecuencias positivas de haber abordado el problema con criterios científicos. La solución definitiva aún está lejos (al menos 25 años más) pero se sabe que está en camino.

Sin duda el cambio climático es el problema más importante que tenemos ante nosotros, y me gustaría animar a analizar con criterios objetivos el vídeo Cool it que se acaba de dar a conocer. Bjorn Lomborg es tildado poco menos que de maldito desde que publicó El Ecologista Escéptico en 2001, pero no es el único ecologista que ha llegado a la conclusión de que la solución a los problemas ambientales está en la ciencia y la tecnología, y no en las emociones. En este nuevo testimonio, el eje de su argumento está en la participación de científicos de algunas de las más prestigiosas instituciones reunidos alrededor del think tank – Consenso de Copenhague, quienes pasan revista a toda una serie de investigaciones de vanguardia, muchas de ellas basadas en los progresos del conocimiento de la geoingeniería, y se atreve a cifrar el coste del problema en 250.000 millones de dólares al año, una cantidad ridícula si se compara con lo que podríamos llamar palos de ciego que la sociedad en conjunto está dando al tratar de abordar el problema como un asunto económico (los derechos de emisión, entre otros) y no científico.

Las emisiones de CO2 son posiblemente el mayor problema con el que nos enfrentamos en estos momentos, pero me gustaría recordar esta otra cifra, que también es consecuencia del progreso tecnológico: en España se empezaron a fabricar automóviles en serie con el SEAT 600. Aquél automóvil emitía 8,4 g de CO2 por CV de potencia y km recorrido, con una gran emisión de plomo tetraetilo, mientras los automóviles medios más eficientes en la actualidad emiten 0,45 gramos y cero tetraetilo. En cualquier manifestación industrial que nos fijemos, la mejora ha sido del mismo orden o mejor, así que mi propuesta es por tanto que, antes de intentar echar la culpa del deterioro del medio ambiente a la tecnología pensemos que en ella está la solución.

Esta reflexión debería también ayudarnos a plantear Conama 2014 como gran congreso científico, en el que se debata a fondo cómo la ciencia y la tecnología pueden ayudarnos a enfrentar los problemas ambientales, y no qué deberíamos prohibir para presuntamente resolver la situación del medio ambiente. Si aún así pensamos que la solución está en prohibir cosas, haría una ultima pregunta ¿Prohibiríamos Internet porque algunos delincuentes la utilizan para intentar desplumarnos?


Miguel Aballe es físico y director de la Asociación de Latas de Bebidas.

Imagen: André Karwath aka (Wikimedia)

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