¿Economía del compartir o consumismo colaborativo?

 

Foto:  David Lefevre (Blablacar)

Jose Luis Fernández Casadevante y Angel Calle*

Las oportunidades de conectividad que ofrecen las nuevas tecnologías, un contexto de aguda crisis económica que progresivamente ha dificultado la satisfacción de necesidades dentro del mercado convencional, cambios en los valores de los consumidores que dan mayor valor al acceso a bienes y servicios que a su propiedad. Una emergente economía del compartir se ha ido colando en la esfera pública y durante los últimos meses en la mediática.

Más allá de los necesarios y complejos debates sobre la regulación de esta economía, nos interesaba centrarnos en reflexionar sobre sus potencialidades transformadores. Existe un discurso entusiasta que sostiene que estas prácticas son alternativas y que colateralmente erosionan los pilares del capitalismo, pues democratizan el acceso a bienes y servicios (abaratando costes al consumidor, permitiendo ingresos complementarios al activar recursos como herramientas, ropa, habitaciones de casa, desplazamientos…), reducen el impacto ambiental con el que satisfacemos nuestras necesidades (al disminuir el volumen de bienes necesarios para satisfacer la oferta u optimizando su  uso…) y fomentan las relaciones sociales en el seno de comunidades de usuarios guiadas por la reputación y la confianza.

Quizás los discursos sean excesivamente triunfalistas y las expectativas que se están poniendo demasiado altas. Pues la economía del compartir puede derivar también en una suerte de consumismo colaborativo impulsado por nuevas grandes empresas, agrupadas en una suerte de  patronal como Peers y financiadas por fondos de capital riesgo, donde el protagonismo y la diversidad social se pongan al servicio de nuevos “nichos de mercado” o de la “organización empresarial” adaptados a las demandas de mayor autonomía personal y consumos más individualizados, aprovechando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

Las comunidades de usuarios, con vínculos extremadamente frágiles y procesos de cooperación tan restringidos, pueden quedar reducidas a interacciones ocasionales donde lo relacional es un mero peaje para acceder a intereses individuales.  Sin movilizar de forma consciente un imaginario crítico resulta muy factible que también los efectos ambientalmente positivos se diluyan, al darse consumos más intensivos a pesar de la optimización de recursos, siguiendo el efecto rebote.

¿Compartimos por conciencia ambiental y justicia social o simplemente buscamos maximizar la rentabilidad de todo lo que tenemos o queremos? ¿Desmercantilizamos la satisfacción de necesidades o profundizamos nuestra dependencia de nuevas formas de mercado?

La insistencia en una comunidad que maneja recursos es la base de estos discursos para hablar de “colaboración”, aunque suele obviarse si esta democratiza o no la satisfacción de necesidades básicas; y, por otro lado, suele disociarse estas nuevas economías de la búsqueda o el afianzamiento de derechos sociales, por encima de derivas autoritarias o excluyentes de los mercados o de los Estados orientados hacia políticas neoliberales.

La dimensión transformadora de la economía colaborativa no va a ser una consecuencia imprevista, sino que debe sostenerse en prácticas conscientes que traten de impulsar una democratización extensa de las relaciones económicas y profundos cambios culturales (expectativas, deseos, patrones de consumo…). Economías que tengan la equidad, la participación y la sustentabilidad como sustratos sociales, como demuestran algunas experiencias: cesión de parcelas entre propietarios y hortelanos, la construcción de infraestructuras wifi abiertas cooperativamente a la ciudadanía, proyectos de crowdfounding, cooperativismo para el abastecimiento energético renovables, mercados sociales, monedas complementarias… .


*Angel Calle, de la Universidad de Córdoba,  y Jose Luis Fernández Casadevante,  de la Cooperativa GARUA y coordinador de la sesión sobre Economía colaborativa de consumo (ST33) en Conama 2014.

 

Foto: David Lefevre (Blablacar)

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